
República Bolivariana de Venezuela
Universidad
Nororiental Privada
Gran Mariscal de Ayacucho
Universidad Valle del Momboy
Ensayo
Facilitador: MsC. Yolanda Esteban
Maestrantes:
Sánchez Reynaldo
Santa Bárbara, diciembre de
2015
La
sociedad humana, responde a criterios organizacionales. La presencia del modelo
correspondiente a la organización, es permanente, define el contexto del grupo
y de todo elemento formal de un colectivo, representando un mecanismo de
agrupación funcional, altamente convencional, según el cual, todos los
componentes de un sistema, tienden a establecer relaciones a partir de sus
requerimientos y necesidades, facilitando su evolución positiva. La
civilización moderna depende de organizaciones como la forma más eficiente y
racional que se conoce de agrupación social, estas son poderosos instrumentos
sociales que combinan el esfuerzo humano, los recursos naturales y la
maquinaria tecnológica para lograr fines determinados. Su presencia es de
carácter histórico y hasta vegetativo, en el sentido de conformar un modelo
natural.
En
tal sentido, la evolución histórica de este modelo funcional, ha presentado un
desarrollo progresivo y dinámico, estableciendo mecanismos de optimización
constante, en casos como la aparición y aplicación sistemática de conceptos
como la planificación, la coordinación la dirección y el control, gracias al
estudio de la administración la cual es considerada por Sikula (2003) como “La
planeación, organización, control, dirección, comunicación y toma de decisiones
que cualquier organización lleva a cabo con el fin de coordinar los diferentes
recursos para crear eficientemente algún producto o servicio” (s.n). Es decir,
un esfuerzo dirigido a otorgar preeminencia a la gestión coordinada de
esfuerzos para el logro de un objetivo previamente planteado a través de
mecanismos validados por la administración adecuada.
Al
respecto, es la administración la que asume el compromiso de la empresa u
organización para lograr los objetivos
propuestos por esta y de esta manera
obtener una producción de calidad en el tiempo requerido usando la
planificación y seguimiento del cumplimiento, tomando en cuenta para ello los
recursos materiales y humanos que estén a su alcance, por lo tanto para que
esto se logre es necesario tener presente la administración de personal
adecuada, precisando las funciones principales que en la práctica incluyen el
empleo de recursos humanos, es decir, que cada uno conozca la función que
desempeña, es por ello que el gerente debe velar por la planeación de los
recursos humanos permitiendo determinar y satisfacer los requisitos del
personal, con el fin de llevar a cabo los planes integrales de una
organización.
Ahora bien, en la actividad escolar,
requiere de una serie de conceptos asociados a la acción de aula, ella por si
misma constituye solo una parte, sustancial, pero no absoluta de su gestión
institucional. Para Pumar (2012): “Al definir la acción escolar, se estiman
espacios de tipo general y específicos, en los que se incluyen aspectos como la
interacción laboral o la adquisición de recursos para el aula, todos son
importantes” (p. 23). Para el autor, se trata de una concepción integral,
definida por la incorporación de diversos elementos con los que la institución
termina por cumplir su cometido de manera efectiva.
De
lo anterior, surge una idea central, determinada por la interconexión positiva
que deben tener estos elementos, conjugándose en un concepto denominado clima
organizacional. El mismo se define como el conjunto de factores que determinan
la actividad de una organización, ofreciendo una analogía con el ambiente. Es
concebido por Gordon (2008), como “El conjunto de percepciones, sentimientos,
actitudes, hábitos, creencias, valores, tradiciones y formas de interacción
dentro y entre los grupos existentes en todas las organizaciones” (p. 54), es
decir, la gama de situaciones y factores que pueden afectar la acción escolar, desde
la perspectiva de los docentes y directivos, como actores institucionales.
En
función de este concepto, se han desarrollado experiencias basadas en ofrecer
elementos positivos de interacción entre los actores escolares. En Argentina
por ejemplo, se estima la cultura organizacional, como un elemento
determinantes de la acción escolar, llegando a desarrollar matrices de
evaluación en las cuales, se toman en cuenta los aspectos ligados a este
concepto. En efecto, Plaza (2013) afirma: “La consideración en torno al clima
organizacional es fundamental para la escuela, no se trata solo de relaciones
laborales, sino de la optimización del desempeño docente” (p. 4). Se enmarca de
esta manera, el conjunto de factores que pueden afectar el desarrollo efectivo
de los objetivos institucionales.
Dicha
posición ecléctica, se complementa con lo señalado por Martínez (2009) en torno
a la escuela colombiana “En la nueva educación propuesta, cada factor es
importante, pero sobre todo, aquel que contribuye a mejorar el ambiente del
aula y promover el aprendizaje de manera positiva” (p. 56). Para este autor, la
referencia es al carácter globalizado y ecléctico, que puede llegar a tener la
función escolar, y la manera como la misma, depende de conceptos variados, en
algunos casos, dispersos, pero siempre conjugados en la idea dela cultura
organizacional como su soporte básico.
El
desarrollo de este tipo de ambientación positiva, se refiere a aspectos que no
se limitan al aula o a la referencia administrativa, por el contrario,
establecen un patrón regulado por la caracterización de la escuela como una
organización productiva, destinada a una acción específica, definida por el
conjunto de elementos que colaboran en su objetivo funcional, como es el
proceso de enseñanza y aprendizaje. Por
ello, este concepto incluye motivación, cumplimiento de logros, desarrollo
personal, alcance de metas, así como otros factores que pueden operar en
espacios diferentes a la escuela, pero que la identifican como una institución
de finalidades específicas.
Sin
embargo, la atención prestada a los elementos que conforman el clima
organizacional en la escuela, es relativamente reciente. De hecho, las primeras
investigaciones en este sentido, datan de la década de los años 90, ello debido
a la gestión del concepto señalado, solo hasta el periodo inmediatamente
anterior al señalado. En Venezuela, incluso es aún más reciente y su estudio se
limita en muchos aspectos a la puntualización en torno al desempeño docente
como elemento central, más no a la gestión de la escuela en general o del
proceso de enseñanza y aprendizaje. Se trata de una actividad a la que se le ha
prestado poca atención y sobre la cual, Oliveros (2012) plantea: “El clima
organizacional no es un tema recurrente en las evaluaciones realizadas en las
instituciones educativas” (p. 239). Para la autora, este concepto es poco
usual, por lo complejo que termina siendo en ambientes como los escolares, en
donde existen muchas variables de estudio.
En
efecto, la escuela y no solo la venezolana, es muy compleja desde el punto de
vista de su referencia laboral y pedagógica y generalmente, ambos conceptos se
mantienen alejados de la consideración de los evaluadores. Se asume como
cierto, que la administración es un espacio de carácter tan concreto, que debe
ser manejado de manera específica, alejándola de la consideración en torno al
proceso de enseñanza y aprendizaje, esto según la apreciación de Méndez (2008),
quien señala: “La gerencia educativa, se concentra en los aspectos
administrativos, en muchos casos como producto de una concepción errada de la
gestión escolar” (p. 41). De acuerdo con esta visión, el directivo se centra
fundamentalmente en aspectos relativos al funcionamiento administrativo,
dejando de lado la conexión que estos mantienen con lo pedagógico. Dicha
separación termina por convertir al área de evaluación laboral, como un campo
alterno, pero no interactivo con el aspecto pedagógico, causando una seria
divergencia de criterios, cuando ambos se encuentran en cualquier aspecto institucional. En este sentido, cabe destacar la opinión de
Luque (2008), al expresar: “La Escuela es un todo, complejo y delimitado por su
función, pero en el que las relaciones
interpersonales, laborales y administrativas, son fundamentales” (p. 2). Esto
implica la necesidad de asumir el ambiente escolar y su cultura organizacional,
como una red de interconexiones que requieren de constante evaluación y
revisión para su reajuste permanente, permitiendo una adaptación a las nuevas
características del entorno y persiguiendo grados importantes de satisfacción y
proactividad en sus componentes o actores.
En
este mismo orden de ideas, al no alcanzar una seria comprensión sobre la
relación o interconexión existente entre los elementos que conforman el clima
organizacional en la escuela, se asume una posición establecida sobre la base
de un alejamiento permanente de los factores que constituyen el acto educativo,
particularmente en ámbitos relacionados con el desempeño docente, así como de
las relaciones interpersonales establecidas en la institución y el alcance de
las metas. Esta valoración es altamente
necesaria para la optimización de las actividades escolares y representa una
búsqueda constante de la gerencia moderna y por lo tanto, del docente y el
directivo en una institución escolar.
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